Hay momentos en los que nos damos cuenta de que llevamos días, semanas o incluso meses viviendo en automático. Cumpliendo pendientes, contestando mensajes, pasando de una tarea a otra, haciendo lo que se supone que hay que hacer, pero sin sentirse realmente ahí.
A mí me empezó a pasar así. No era que estuviera haciendo algo “mal”. Desde fuera, todo seguía funcionando. Pero por dentro había una sensación de desconexión, como si estuviera ocupada todo el tiempo y al mismo tiempo lejos de mí. Me di cuenta de que estaba presente para muchas cosas, menos para mi propia vida.
Creo que a muchas personas nos pasa sin darnos cuenta. Nos acostumbramos a la prisa, al ruido, a revisar el teléfono apenas despertamos, a llenar los días hasta no dejar espacio para sentir lo que realmente está pasando dentro. Y poco a poco empezamos a vivir reaccionando, no eligiendo.
Para mí, empezar a salir de ese estado no tuvo que ver con volverme otra persona ni con cambiar toda mi vida de un día para otro. Tuvo más que ver con aprender a detenerme. A observar. A notar cómo estaba viviendo y desde dónde estaba haciendo las cosas. La meditación fue una de las primeras puertas para eso, no porque todo se volviera inmediatamente claro o fácil, sino porque me obligó a ver el ruido que llevaba dentro.
Al principio fue incómodo. Sentarme en silencio no se sintió místico ni especial. Se sintió como encontrarme de frente con una mente cansada, dispersa y sobreestimulada. Pero también empecé a notar algo importante: debajo de todo ese movimiento había quietud. Y cuando lograba quedarme un poco más, aunque fuera unos minutos, aparecía una claridad distinta.
Con el tiempo entendí que vivir con presencia no significa estar en calma perfecta todo el tiempo. Significa regresar. Volver una y otra vez al momento, al cuerpo, a la respiración, a lo que de verdad importa. Volver cuando me pierdo en la prisa. Volver cuando empiezo a vivir por inercia. Volver cuando me alejo de mí.
Esa práctica de regresar también cambió mi relación con la creatividad. Cuando empecé a hacer más espacio interior, volvió el deseo de pintar, de escribir y de observar con más atención. Me di cuenta de que muchas veces no necesito llenar más mi vida, sino vaciar un poco el ruido para escuchar mejor. A veces la claridad no llega cuando hacemos más, sino cuando dejamos de esforzarnos tanto.
Vivir con presencia también implica renunciar. No en el sentido de rechazar el mundo, sino de dejar de obedecer automáticamente todo lo que nos arrastra. Renunciar a cierta velocidad, a cierta saturación, a ciertas formas de exigencia que hemos normalizado. No para volvernos rígidos, sino para crear espacio para una vida más verdadera.
Hoy siento que prestar atención es una forma de recuperar la vida. No solo a través de la meditación formal, sino también en cosas pequeñas como cocinar con calma, caminar sin prisa, apagar el teléfono un rato, sentarme a pintar sin querer producir nada, respirar antes de reaccionar. Son gestos simples, pero cambian mucho la manera en que habitamos el día.
No se trata de tener todo resuelto ni de vivir siempre en un estado ideal. Se trata de dejar de pasar por la vida dormidas. De empezar a notar qué nos drena, qué nos dispersa, qué nos devuelve al centro y qué sí tiene sentido para nosotras. A veces el cambio no empieza con una gran decisión, sino con una pausa honesta.
Escribo esto porque sé que muchas veces una siente que está cansada, desconectada o saturada y no sabe exactamente por qué. Y a veces la respuesta no es hacer más, sino detenerse lo suficiente para escucharse. Tal vez vivir con más presencia empieza justo ahí, en darte permiso de volver al aquí y ahora.

Si prefieres escuchar esta reflexión en voz y acompañarla con imágenes de mi práctica, aquí te dejo el video. Ojalá te invite a hacer una pausa y volver, aunque sea por unos minutos, al momento presente.

En una era de distracción constante, entrenar tu atención ya no es opcional: es una ventaja. Si quieres desarrollar una mente más clara, estable y presente, explora el Curso de Meditación Mindfulness y Shamatha .
Si quieres recibir mis ensayos, reflexiones y recursos gratuitos directamente en tu correo, Suscríbete al newsletter . Si prefieres escuchar mis reflexiones en audio, Escucha el podcast y si quieres profundizar en tu práctica, explora mis Meditaciones guiadas aquí.
Share This