Acampando por una semana
Acampar varios días me hizo disfrutar la naturaleza de cerca y también valorar lo que la arquitectura nos ha dado. Estábamos bien equipados: mis suegros y cuñados saben mucho de acampar y trajeron sillas, mesa, estufa y todo lo que pudiéramos necesitar. Esa mañana salimos caminando del campamento y muy pronto llegamos al sur de este lago, que es inmenso. Los demás llegaron en bicicleta pero pronto nos dimos cuenta que la orilla estaba muy reducida y nos pusimos a buscar una playita donde descansar. La encontramos y nos instalamos con nuestra hamaca. Aproveché para descansar y apreciar el viento, la arena y simplemente estar presente. El lago es tan grande que parece el mar. El agua estaba helada, pero me animé a meter los pies; el frío me despertó y me hizo sentir todo más intenso. El agua estaba tranquila, solo pequeñas ondas moviéndose suavemente sobre la superficie. En la naturaleza me siento en paz.
Dibujar, observar, estar
Saqué mi cuaderno de bocetos y observé todo lo que tenía alrededor para decidir qué pintar. Encontré una piña de pino roja preciosa. La miré un rato, pensando en pintarla, pero al final decidí capturar todo el paisaje que veía desde la hamaca, incluyendo una parte de esta. Un recuerdo en familia. Después de unas horas, todos se fueron y Quinn y yo nos quedamos un poco más, disfrutando del paisaje. Pasar tiempo en silencio en la naturaleza ayuda a reconectarnos con nosotros mismos, algo que es fácil olvidar en la ciudad. Estos espacios nos permiten descansar, procesar y soltar lo que llevamos dentro. Es bueno no tener que apurarse, simplemente estar. Aquí es fácil enfocarse en cosas que normalmente no tenemos tiempo de hacer: pintar, pensar, crear. El crecimiento real pasa despacio, paso a paso, con paciencia y constancia. Nada es más importante que este momento, aquí y ahora. Es un lugar donde la mente se calma y los pensamientos fluyen. Las cosas que realmente importan suelen lograrse con paciencia y pasos pequeños, no con soluciones rápidas. La verdadera alegría viene del contraste, de todo lo que costó llegar hasta aquí. No necesitamos estar en ningún lugar, este momento es suficiente.
Historia, arquitectura y bosque
Caminamos y encontramos las ruinas de un resort-casino que perteneció a Elias Baldwin. Su nieta, Dextra Baldwin, después de un incendio, construyó una casa rústica de verano que ahora forma parte del patrimonio histórico del sitio. La casa es hermosa, con ventanas verde salvia y antigüedades en su interior, también tiene un patio con un pozo lleno de flores. Nos sentamos a descansar y admirar la arquitectura del lugar. Imaginé qué maravilloso debía ser vivir en un cottage así de hermoso rodeado de naturaleza.
Luego regresamos caminando atravesando el bosque, con un poco de miedo de que apareciera un oso, pero disfrutando el paisaje. Los árboles en esa zona son imponentes y hermosos.
Cocinar, descansar, volver al centro
Al llegar al campamento, preparamos unas botanas simples y saludables. Son esos momentos pequeños los que, sin darnos cuenta, se vuelven los más memorables. Me encanta cocinar al aire libre y tomarme mi tiempo para preparar una taza de té. Cuando no hay señal de internet, ni redes, podemos estar sin prisas, viviendo el momento. No hay presión, es fácil estar presente.
Preparando el té, recordé cuánto me gusta estar en la naturaleza, cómo ésta balancea mi sistema nervioso y me hace volver a mi centro. Reconozco que tener una pequeña cocina portátil facilitó nuestra estancia, pero realmente no necesitábamos mucho: nuestra pequeña tienda de acampar y buena compañía eran suficientes.
Vivir aunque pocos días inmersa en la naturaleza me ayudó a meditar en la interdependencia y en lo efímeras que son las percepciones que surgen momento a momento. La vida es un sueño y darnos cuenta de que somos un personaje en ese sueño nos ayuda a estar más lúcidos, a ver los problemas como experiencias pasajeras y a soñarnos con más libertad.
En esa tranquilidad sin las carreras de la vida diaria, cada actividad es un pequeño ritual que se disfruta. Mi pareja y yo nos dimos tiempo para conversar, para conectar, para compartir y descansar.
Angora Lakes
Al día siguiente preparamos la camioneta, una ambulancia remodelada, para vivir una gran aventura.
Empacamos todo lo que podríamos necesitar. Preparamos comida para un picnic y cuando todo estuvo listo nos dirigimos hacia los lagos de Angora.
Subimos a una montaña y paramos a la mitad del camino para estirarnos, caminar un poco y tomar fotografías. Desde allí, el lago se veía espectacular, particularmente la bahía Esmeralda con sus colores turquesa y azul.
Este lago es como un océano rodeado de montañas. De un lado, teníamos el lago azul; del otro, un hermoso paisaje abierto.
No había prisa, disfrutamos el momento. Desde allí vimos el monte Tallac y recordé cuando lo subimos hace unos años. Fue difícil, pero espectacular.
Finalmente llegamos a Angora Lakes, un lugar increíble donde las montañas se reflejan en el agua. Entramos a una tienda de regalos con cosas hermosas, como pequeñas acuarelas y libros de aves, que me inspiraron a pintar la naturaleza, y también había un café agradable. Luego caminamos hasta lo más alto, donde había otro pequeño y tranquilo lago, ideal para hacer un picnic, nadar y descansar. El paisaje en ese lugar es increíble. Desde principios del siglo XX, Angora Lake era un escondite favorito para caminantes y familias que que venían a nadar, remar y tomar limonada entre las rocas. Estuvimos hasta el atardecer y regresamos disfrutando el camino por el bosque.
De vuelta en el campamento de Fallen Leaf, recorté un mapa para pegar en mi sketchbook mientras disfrutaba un yerba mate. Decidí pintar ese lugar, dejando un espacio para el mapa que había recortado.
Bahía Esmeralda
En nuestro último día fuimos a Emerald Bay. En Bahía Esmeralda vivió Lora Josephine Knight, una filántropa que a principios del siglo XX mandó construir Vikingsholm, una casa de verano inspirada en la arquitectura escandinava. Aquí recibía a amigos, caminaba por el bosque y pasaba los veranos junto al lago, buscando belleza, calma y tiempo lejos de la ciudad. En el pequeño museo aún se pueden ver fotografías y objetos de esa época.
Hay pinos enormes llamados azúcarados , cuya corteza parece un rompecabezas. Jugamos a separar y colocar las piezas. Las texturas y el paisaje eran muy relajantes. Es uno de los lugares más bonitos: la gente va a descansar, a pasear, a hacer picnic en familia. Encontramos una mesa más alejada del ruido y nos instalamos ahí.
Es uno de los lugares más bonitos: la gente va a descansar, a pasear, a hacer picnic en familia.
También hubo retos
No todo fue perfecto, y creo que vale la pena decirlo. Dormir una semana en una tienda de campaña no fue fácil. Hacía frío por las noches, y salir al baño en la oscuridad, pensando en los osos, no ayudaba mucho a descansar. Mi cuerpo estaba adolorido y el sueño nunca era del todo profundo.
Tampoco había internet, y eso me desconectó del trabajo, de estar pendiente de pendientes, de correos y mensajes. A ratos extrañé la comodidad de una casa, mi estudio, mis materiales, incluso ese espacio que suelo tener para meditar.
Decidí pintar ese lugar, dejando un espacio para el mapa que había recortado.
Así quedó la pintura, con el recorte del mapa del área donde estuvimos. Aunque fue un reto pintar sobre este papel de celulosa, me gustó el resultado: suelto y expresivo.
Durante el viaje pinté acuarelas del lago, con diferentes tonos de turquesa. Cada dibujo es un recuerdo de esos días, del tiempo transcurriendo lento y disfrutando del presente. Le añadí un título con caligrafía y se lo regalé alguien que aprecia mis dibujos.
Al final nos despedimos desde lo alto de Emerald Bay, subiendo en unas formaciones rocosas donde la vista es maravillosa.
Cena en familia
Más tarde preparamos una cena en familia y un fueguito. Esos momentos cocinando juntos fueron de mis favoritos; cada quien aportaba algo. Cada quien aportó algo. teniamos higos y ciruelas deliciosas que trajeron mis suegros de su huerto. Min Jin es una cocinera genial y su amor maternal se extendió a todos.
Ser amable con nosotros mismos también significa disfrutar de estos pequeños momentos.
Despedida
Como todo en la vida, la semana también terminó y comenzamos a empacar para volver a la civilización y a nuestras actividades.
Temprano subimos todo a los carros y nos despedimos del campamento, Antes de irnos, hicimos una última parada en el lago para disfrutar de la mañana y nadar. Pasamos un buen rato contemplando el paisaje, sin tener hacer nada, solo estando presentes y conectados a la tierra.
La creatividad surgió en esos momentos: yo terminando detalles de mis dibujos, meditando y respirando ese paisaje; los chicos creando arte con la naturaleza, el agua estaba cristalina, y el cielo abierto perfecto para meditar.
Mi cuaderno de bocetos tampoco era ideal para acuarela. El papel no absorbía bien el agua, y tuve que adaptarme. Aun así, terminé satisfecha con los dibujos que logré hacer. No son perfectos, pero son honestos.
Y creo que eso también fue parte del viaje: aprender a crear sin las condiciones ideales, aceptar la incomodidad, y seguir adelante de todos modos.
Una de mis cuñadas hizo una composición bellísima con piedras de colores, y la otra un barquito hecho con elementos naturales, que dejó flotando sobre el agua. Esta creatividad aparece cuando nos desconectamos de la tecnología y nos conectamos con la naturaleza. Hay que volver a estar presentes con la madre Tierra, Tara.
A veces necesitamos salir de la comodidad para recordar lo que realmente importa.”
Regresé con algo más que dibujos. No con respuestas, pero sí con más claridad sobre cómo quiero habitar mis días.
De regreso a la civilización, dejamos atrás esa naturaleza hermosa, pero nos llevamos recuerdos que siguen acompañándonos y una calma que nos recuerda volver a lo esencial.
Aquí les dejo el video del viaje.
Gracias por acompañarme en este viaje maravilloso, hasta pronto.
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